—¿Qué haces aquí?
La voz de la madre de Su Ruoxue cortó el ambiente festivo como una cuchilla. Xu Hangqiu acababa de entrar en la mansión de la familia Su con la ropa sencilla, el rostro tranquilo y el cansancio de quien acababa de salir de prisión. No esperaba una bienvenida cálida, pero tampoco aquel desprecio tan directo.
—Padres de Ruoxue, oí que hoy había una celebración familiar, así que vine a verla.
—¡No me llames madre! —escupió la mujer—. Nuestra familia Su no tiene un yerno como tú.
Ruoxue dio un paso adelante, incómoda.
—Mamá, él acaba de salir. No tienes que hablarle así.
Pero su padre golpeó la mesa con frialdad.
—¿Y cuándo debemos hablar claro? Míralo. Un exconvicto. ¿Cómo puede estar al lado de nuestra hija? Ruoxue ahora es la directora del Grupo Su, una estrella nueva del mundo empresarial de Jianghai. Pronto firmará un proyecto valorado en cien mil millones con la Cámara de Comercio de los Cuatro Mares. ¿Y él qué es? Nada más que una mancha para nuestra reputación.
Xu Hangqiu miró a su esposa.
—Ruoxue, ¿tú también piensas igual?
Ella abrió la boca, pero antes de responder, su hermano menor se adelantó con una sonrisa burlona.
—Hermana, no seas ingenua. El joven señor Xu Wenbin ha preparado un proyecto tecnológico de cien mil millones para ti. ¿Vas a rechazarlo por este hombre que acaba de salir de la cárcel?
En ese instante, un hombre vestido con traje caro entró con arrogancia.
—Yo soy Xu Wenbin, heredero de la familia Xu de Jianghai. Mi padre es vicepresidente de la Cámara de Comercio de los Cuatro Mares en esta ciudad.
Luego miró a Hangqiu con desprecio.
—Así que tú eres el marido preso de Ruoxue. Frente a mí, deberías sentir vergüenza.
Xu Hangqiu soltó una risa baja.
—Incluso Lei Zhenting, presidente de la Cámara de Comercio de los Cuatro Mares, tendría que inclinar la cabeza ante mí. ¿Y tú quién eres?
El salón quedó en silencio. Después, estallaron las burlas.
—¡Está loco!
—¡Un exconvicto atreviéndose a mencionar al presidente Lei!
Xu Wenbin fingió paciencia.
—Hoy no vine a discutir. Vine a pedir la mano de Ruoxue.
Con una señal suya, varios sirvientes entraron cargando cajas lujosas: brazaletes de jade, un collar de diamantes, una villa en Jianghai Garden y ocho millones en efectivo.
—Estos son mis regalos de compromiso.
La familia Su quedó maravillada. La madre de Ruoxue casi lloraba de felicidad.
Pero Xu Hangqiu miró todo aquello con indiferencia.
—¿A eso llamas regalos de compromiso?
Xu Wenbin entrecerró los ojos.
—¿Insinúas que puedes ofrecer algo mejor?
Hangqiu levantó la mirada.
—Lo que yo puedo darle a Ruoxue… ni vendiendo toda tu familia Xu de Jianghai podrías comprarlo.
La rabia llenó el rostro de Xu Wenbin.
—Entonces muéstralo. Si no puedes, haré que te rompan las piernas.
Justo cuando sus hombres avanzaron hacia Xu Hangqiu, una voz solemne resonó desde la entrada:
—¡Llegan los regalos de compromiso de la familia Xu de Daxia!
Las puertas se abrieron de golpe, y todos vieron entrar una procesión cargando cofres dorados, joyas imperiales y un vestido nupcial reservado solo para mujeres de linaje real…
PARTE 2
Los presentes quedaron paralizados.
Los cofres fueron abiertos uno tras otro. Dentro había un vestido de boda rojo y dorado bordado con hilos de oro, una corona de fénix, un par de cetros de jade tallados con dragones y fénix, lingotes de oro, perlas nocturnas y, al final, las llaves de un superdeportivo de edición limitada mundial.
El mayordomo que encabezaba la comitiva se inclinó ante Su Ruoxue.
—Por orden de la familia Xu de Daxia, traemos estos regalos para la señorita Su Ruoxue. Que ella y el señor Xu envejezcan juntos y compartan una vida de felicidad.
La familia Su dejó de respirar por un instante.
—¿Señor Xu? —murmuró el padre de Ruoxue.
Todos miraron primero a Xu Hangqiu, luego a Xu Wenbin.
El hermano menor de Ruoxue reaccionó primero.
—¡Tiene que ser el joven señor Xu Wenbin! En esta sala, además de ese exconvicto, el único apellido Xu con verdadero poder es él.
Xu Wenbin también quedó confundido. Él no había preparado nada de eso, pero al ver la admiración en los ojos de la familia Su, sonrió con orgullo.
—Así es. Quería darle una sorpresa a Ruoxue.
La madre de Ruoxue se emocionó.
—¡Joven señor Xu, usted sí que tiene corazón! Ruoxue, dale las gracias.
Ruoxue bajó la mirada.
—Gracias, joven señor Xu. Pero estos regalos son demasiado valiosos. No puedo aceptarlos.
Xu Hangqiu observó la escena con frialdad.
—La familia Xu de Jianghai sí que es descarada. ¿Ahora también se apropian de regalos ajenos?
Xu Wenbin se giró hacia él.
—¿Regalos ajenos? ¿Acaso quieres decir que son tuyos?
—No son de la familia Xu de Jianghai —respondió Hangqiu—. Son de la familia Xu de Shangjing.
El salón volvió a estallar en carcajadas.
La familia Xu de Shangjing era una de las familias más poderosas de toda Daxia. Comparada con ellos, la familia Xu de Jianghai no era más que una rama menor.
—¿La familia Xu de Shangjing enviando regalos para ti? —se burló Xu Wenbin—. ¿Te golpearon la cabeza en prisión?
El padre de Ruoxue perdió la paciencia.
—Xu Hangqiu, basta. Si sigues diciendo tonterías, arrastrarás a nuestra familia Su a la desgracia.
Ruoxue lo miró con dolor.
—Hangqiu, pensé que al salir de prisión cambiarías. Pero sigues presumiendo, mintiendo, provocando problemas. ¿Cómo quieres que crea en ti?
Él la miró durante un largo segundo.
—Porque soy tu esposo.
—Entonces deja de avergonzarme.
Aquellas palabras le atravesaron el pecho más que cualquier insulto de los demás.
Xu Wenbin, recuperando su arrogancia, tomó las llaves del superdeportivo.
—Ya que todos dudan, abriré el coche para demostrar que estos regalos son míos.
Puso su huella en el sistema.
La pantalla mostró una frase fría:
Huella rechazada.
Lo intentó otra vez.
Huella rechazada.
El rostro de Xu Wenbin se puso pálido.
—Seguro configuraron mal el sistema. Un sirviente inútil debió cometer un error.
Xu Hangqiu caminó hacia el coche.
—Hazte a un lado.
—¡No lo toques! —gritó la madre de Ruoxue—. Si lo dañas, ni vendiéndote pagarías una rueda.
Hangqiu no respondió. Colocó el dedo sobre el lector.
La máquina emitió un sonido limpio.
Huella aceptada. Vehículo activado.
El motor rugió como una bestia despertando.
El silencio que cayó sobre el salón fue más pesado que la vergüenza.
Ruoxue lo miró, temblando.
—Hangqiu… ¿cómo pudiste abrirlo?
—Te lo dije. Esos regalos fueron enviados por la familia Xu de Shangjing. No tienen nada que ver con Xu Wenbin.
Por primera vez, la familia Su sintió miedo.
Si Hangqiu realmente tenía relación con la familia Xu de Shangjing, entonces ellos acababan de humillar a alguien que no podían permitirse ofender.
Pero Xu Wenbin no estaba dispuesto a perder.
—¡Todo es falso! —gritó—. Estas joyas, ese vestido, incluso el coche. Todo debe ser una trampa. Este hombre quiere engañar a Ruoxue para quedarse con el proyecto de cien mil millones.
La familia Su, que un momento antes dudaba, volvió a aferrarse a esa explicación.
La madre de Ruoxue llamó a su hija y le llenó la cabeza de sospechas. Le dijo que Hangqiu había alquilado el coche, falsificado los regalos y planeaba acercarse a ella para robarle el proyecto.
Ruoxue, confundida, quiso preguntar a Hangqiu. Pero él recibió una llamada y se marchó con prisa.
No fue a devolver ningún coche. Fue a encontrarse con Xu Wangting, el patriarca de la familia Xu de Shangjing.
El anciano lo esperaba con los ojos llenos de culpa.
—Hangqiu, han pasado años. Vuelve a la familia. Ahora solo tú puedes salvarnos.
Hangqiu arrojó frente a él los regalos.
—No necesito que decidas por mi mujer.
—Sigues sin perdonarme.
—¿Perdonarte? Yo levanté a la familia Xu hasta convertirla en la número uno de Daxia, y tú entregaste mi lugar al hijo ilegítimo que criaste fuera. Ahora que él destruyó la familia, ¿vienes a buscarme?
El anciano bajó la cabeza.
—Lo expulsé. Ahora solo hay un heredero verdadero: tú.
—Yo ya no pertenezco a la familia Xu.
Uno de sus subordinados se acercó.
—Señor, las fuerzas del Palacio Longyu están listas. Solo necesita dar la orden para aplastar a la familia Xu de Shangjing.
Hangqiu guardó silencio.
—No. Después de todo, también llevo el apellido Xu. Que sobrevivan o caigan por sí mismos.
Mientras tanto, la familia Su se preparaba para la ceremonia de firma del proyecto de cien mil millones. Todos atribuían el éxito a Xu Wenbin. Ruoxue, con el corazón lleno de dudas, intentaba convencerse de que su esposo la había engañado.
Cuando Hangqiu apareció en la ceremonia, ella lo enfrentó.
—¿Fuiste a devolver el coche alquilado?
Él frunció el ceño.
—¿Quién te dijo eso?
—Entonces era verdad. También eran falsos los regalos, ¿no?
—No.
—¡Basta! —Ruoxue alzó la voz—. No quiero más mentiras.
El presentador anunció el inicio de la firma. El padre de Ruoxue empujó al hermano menor de ella hacia el escenario.
—Tú firmarás en nombre de la familia Su.
Hangqiu se interpuso.
—El proyecto pertenece a Ruoxue. Nadie más puede firmarlo.
La familia Su estalló en ira.
—¿Quién te crees para decidir?
—Yo fui quien arregló este proyecto —dijo Hangqiu.
Las risas volvieron.
Ruoxue lo miró con decepción.
—¿Sabes cuánto trabajé por esto? ¿Sabes cuánto sufrí estos años? ¿Y ahora quieres decir que todo fue gracias a ti?
Hangqiu apretó los puños.
—Solo quiero evitar que te roben lo que te pertenece.
—Mi hermano es mi familia. Xu Wenbin me ayudó. ¿Y tú? ¿Qué has hecho además de mentir?
Hangqiu sintió que algo dentro de él se rompía.
—Si todos ustedes son tan nobles, entonces este proyecto ya no hace falta.
Sacó el teléfono.
—Cancelen el proyecto de cien mil millones de la familia Su.
La sala entera se burló. Pero segundos después, un ejecutivo subió corriendo al escenario, pálido.
—Acabamos de recibir la notificación oficial. El proyecto… ha sido cancelado.
La familia Su quedó congelada.
Ruoxue retrocedió un paso.
—¿Fuiste tú?
Antes de que Hangqiu pudiera responder, Xu Wenbin volvió a gritar:
—¡No! Fue porque él ofendió al verdadero poder detrás de Longyu. Por su culpa, la familia Su perdió todo.
La madre de Ruoxue señaló a Hangqiu con odio.
—¡Golpéenlo! ¡Llévenlo a Longyu para que pague su culpa!
Los guardaespaldas avanzaron.
Entonces, una voz femenina sonó desde la entrada.
—A ver quién se atreve a tocarlo.
Una mujer elegante, fría y deslumbrante entró en la sala. Su presencia hizo que incluso los empresarios más poderosos bajaran la mirada.
Xu Wenbin, irritado, intentó humillarla con palabras vulgares.
Ella le dio una bofetada tan fuerte que el salón entero oyó el golpe.
Uno de sus acompañantes habló con autoridad:
—Abran bien los ojos. Ella es Qin Jingyue, la hija mayor de la familia Qin de Shangjing.
La familia Su se quedó sin color.
La familia Qin de Shangjing estaba al mismo nivel que la familia Xu de Shangjing. Para Jianghai, era una existencia inalcanzable.
Qin Jingyue miró a Ruoxue con una mezcla de desprecio y lástima.
—Así que tú eres la esposa de Xu Hangqiu. Tienes belleza, pero no visión. Casarte con él fue la mayor bendición de tu vida, y aun así lo trataste como una carga.
Ruoxue apretó los labios.
—¿Él te trajo para humillarme?
Hangqiu suspiró.
—Hoy digas lo que digas, no me creerás. Qin Jingyue, vámonos.
Qin Jingyue sonrió.
—Con gusto, señor Xu.
Fuera del salón, ella lo miró con una emoción que llevaba años escondiendo.
—Te busqué durante años. Por fin te encontré.
—Nuestro compromiso quedó roto desde el día en que abandoné la familia Xu.
—Ese compromiso fue acordado por nuestros antepasados. No puedes romperlo con una sola frase.
Hangqiu respondió con frialdad:
—Yo ya no soy de la familia Xu. Si quieres casarte con alguien de ellos, busca a mi medio hermano.
Qin Jingyue se rió suavemente.
—¿Ese inútil que casi destruyó a la familia en pocos años? No es digno de mí.
Luego dio un paso hacia él, con los ojos brillando.
—El hombre que yo quiero debe ser capaz de sacudir Daxia con una palabra, proteger lo que ama con una mirada y hacer temblar a todos los que lo humillaron. Xu Hangqiu, ese hombre siempre fuiste tú.
Él la miró en silencio.
—Entonces, ¿viniste a cancelar el compromiso?
Qin Jingyue levantó la barbilla.
—No. Vine a recuperar a mi prometido.
Qin Jingyue levantó la barbilla.
—No. Vine a recuperar a mi prometido.
Xu Hangqiu no respondió de inmediato. La noche de Jianghai brillaba detrás de los ventanales, pero en sus ojos no había alegría ni orgullo. Había cansancio. Un cansancio profundo, acumulado por años de silencio, sacrificio y desprecio.
—Jingyue —dijo al fin—, si viniste por el heredero de la familia Xu de Shangjing, llegaste tarde. Ese hombre murió el día que me echaron de mi propia casa. Si viniste por el señor de Longyu, tampoco lo encontrarás. Ese título no puede darle calor a un corazón vacío.
Ella lo miró con seriedad.
—Entonces vine por Xu Hangqiu. El hombre que soportó la prisión por proteger a una mujer. El hombre que pudo destruir a todos los que lo humillaron, pero eligió contenerse. El hombre que aún ama, aunque ese amor lo haya herido.
Él bajó la mirada.
—No confundas mi silencio con debilidad. Y no confundas mi pasado con una cadena.
En ese momento, detrás de ellos se oyó una voz temblorosa.
—Hangqiu…
Su Ruoxue había salido del salón. Su rostro estaba pálido, y sus ojos, antes llenos de desconfianza, ahora estaban inundados de miedo y arrepentimiento.
Había recibido una llamada de la Cámara de Comercio. No de un empleado cualquiera, sino del propio Lei Zhenting. Él le había dicho la verdad con una sola frase:
—Señorita Su, el proyecto de cien mil millones fue aprobado por orden directa de Xu Hangqiu. Si él no lo permite, nadie puede firmarlo. Ni su familia, ni Xu Wenbin, ni yo.
Ruoxue sintió que el mundo se le derrumbaba.
Todo lo que había defendido era falso.
El hombre al que llamó mentiroso era quien había sostenido en secreto a la familia Su. El hombre al que acusó de codiciar su proyecto era quien se lo había entregado. El hombre al que le pidió que se disculpara era quien había soportado prisión para limpiar el nombre de su familia.
—Hangqiu… —repitió ella, acercándose—. Yo no sabía…
Él la miró. No había ira en sus ojos. Eso la hizo sentir peor.
—No, Ruoxue. No es que no supieras. Es que no quisiste creer.
Ella se quedó inmóvil.
—Cuando todos me llamaron exconvicto, guardé silencio. Cuando tu familia quiso echarme, guardé silencio. Cuando Xu Wenbin robó mis regalos, guardé silencio. Pero cuando tú, mi esposa, elegiste creerle a todos menos a mí… ahí entendí que ya no quedaba nada que explicar.
Las lágrimas cayeron por el rostro de Ruoxue.
—Me equivoqué. Estaba confundida. Mi familia me presionó, Xu Wenbin me engañó, yo…
—Ellos hablaron —la interrumpió Hangqiu con voz serena—. Pero tú decidiste.
Ruoxue sintió que esas palabras la golpeaban más fuerte que cualquier reproche.
Desde el salón llegaron gritos. Xu Wenbin estaba siendo arrastrado por hombres de la Cámara de Comercio. Su padre había sido destituido de inmediato. La familia Xu de Jianghai perdió todos sus privilegios aquella misma noche. La familia Su, por su parte, quedó rodeada de empresarios que antes sonreían y ahora se apartaban como si fueran una peste.
El padre de Ruoxue salió tambaleándose.
—Hangqiu, hijo, todo fue un malentendido. Somos familia. No puedes dejarnos caer.
La madre de Ruoxue también corrió hacia él.
—Sí, yerno, mamá habló con dureza, pero era por el bien de Ruoxue. Tú eres generoso, ¿verdad? Devuélvenos el proyecto. La familia Su no puede perderlo.
Hangqiu los miró con frialdad.
—Cuando pensaban que yo no tenía nada, me pisotearon. Cuando descubrieron que podía darles todo, me llamaron familia. Eso no es cariño. Es conveniencia.
El hermano menor de Ruoxue cayó de rodillas.
—Cuñado, perdóname. Yo no sabía quién eras.
—No necesitabas saber quién era —respondió Hangqiu—. Solo necesitabas recordar que era una persona.
Nadie pudo contestar.
Ruoxue se cubrió el rostro y lloró en silencio.
—¿Entonces… todo terminó?
Hangqiu respiró hondo.
—Nuestro matrimonio terminó mucho antes de esta noche. Terminó cada vez que me miraste con duda. Cada vez que permitiste que otros me humillaran. Cada vez que pensaste que mi amor valía menos que el poder de otro hombre.
Ella negó con la cabeza desesperada.
—No, Hangqiu. Dame una oportunidad. Solo una. Esta vez voy a creerte.
Él sonrió con tristeza.
—El amor que necesita una tragedia para aprender a confiar llega demasiado tarde.
Ruoxue sintió que sus piernas perdían fuerza.
Qin Jingyue, que había permanecido en silencio, lo observó sin intervenir. Por primera vez, comprendió que Xu Hangqiu no necesitaba que nadie lo defendiera. Solo necesitaba cerrar una herida que había sangrado demasiado tiempo.
Hangqiu sacó un documento de su abrigo y lo dejó en manos de Ruoxue.
—Es el acuerdo de divorcio. No te quitaré nada de lo que construiste con tus propias manos. Pero el proyecto de cien mil millones ya no pertenecerá a la familia Su. Será transferido a una fundación empresarial para apoyar a jóvenes emprendedores sin respaldo familiar ni apellido poderoso.
Ruoxue levantó la vista, sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque el poder no debe ser un premio para los arrogantes. Debe ser una oportunidad para quienes aún conservan dignidad.
Dicho eso, Xu Hangqiu se volvió hacia la salida.
—Hangqiu… —susurró Ruoxue—. ¿Alguna vez me amaste de verdad?
Él se detuvo, pero no giró.
—Sí. Por eso soporté tanto. Pero también por eso debo irme.
Y se marchó.
La familia Su quedó atrás, rodeada de lujo, pero vacía de orgullo. Ruoxue sostuvo el acuerdo de divorcio contra el pecho como si fuera la última prueba de un amor que no supo proteger. Comprendió demasiado tarde que algunas personas no se pierden cuando se van, sino cuando se las obliga a quedarse heridas demasiado tiempo.
Afuera, Qin Jingyue caminó junto a Xu Hangqiu.
—¿Y ahora qué harás?
Él miró el cielo oscuro sobre Jianghai.
—Empezar de nuevo. Esta vez sin pedirle permiso a nadie para ser quien soy.
Ella sonrió.
—Entonces caminaré a tu lado. No delante de ti. No detrás. A tu lado.
Xu Hangqiu no respondió, pero por primera vez en mucho tiempo, sus ojos dejaron de mirar hacia el pasado.
Detrás de ellos, las luces del hotel se apagaron una a una. La ciudad seguía brillando, indiferente al derrumbe de una familia y al renacimiento de un hombre.
Y esa noche, todos en Jianghai aprendieron una verdad imposible de olvidar:
No humilles a alguien solo porque no conoces su valor.
No confundas la paciencia con debilidad.
No esperes a perder a una persona buena para descubrir cuánto te sostuvo en silencio.
Porque hay corazones que aguantan, perdonan y callan durante años…
pero cuando finalmente deciden irse, ni todo el arrepentimiento del mundo puede hacerlos volver.