MI HERMANA POR PARTE DE PADRE LLEVÓ A MI NOVIO A UNA FIESTA DE LA ALTA SOCIEDAD EN MONTERREY PARA HUMILLARME FRENTE A TODOS…
PERO EL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL GRUPO MONDRAGÓN BAJÓ DE UN AUTOMÓVIL NEGRO Y ME LLAMÓ “SU PROMETIDA”
El vestido de seda color perla que llevaba puesto casi se levantaba con el viento nocturno sobre las escaleras de piedra de la mansión de la familia Mondragón, en San Pedro Garza García, Monterrey.
Apreté con fuerza el chal sobre mis hombros.
No porque tuviera frío.
Sino porque decenas de miradas me observaban como si yo fuera alguien que no debía estar allí.
La música de mariachi mezclada con violines seguía sonando elegantemente desde el interior del salón principal.

Pero afuera…
El ambiente cambió por completo desde el momento en que Camila bajó de una Cadillac Escalade plateada junto a Sebastián.
Mi hermana por parte de padre llevaba un vestido ajustado cubierto de pedrería plateada, y su cabello rubio caía en ondas perfectas bajo las luces doradas de la mansión.
Y Sebastián…
El hombre que me había prometido matrimonio para finales de este año…
Estaba tomado del brazo de ella.
Yo permanecía inmóvil junto al taxi que acababa de irse.
Camila me miró de arriba abajo y soltó una sonrisa burlona.
“¿De verdad pensaste que podías entrar a esta fiesta?”
Su voz no fue fuerte.
Pero bastó para que varios invitados cercanos voltearan hacia mí.
Intenté mantener la calma.
“Papá dijo que toda la familia estaba invitada.”
Camila sonrió con desprecio.
“¿Familia?”
Inclinó ligeramente la cabeza y me observó con falsa compasión.
“¿Olvidaste que tu mamá solamente trabajaba en el restaurante de mi abuelo?”
Sentí las manos heladas.
Fue entonces cuando Sebastián habló.
Pero lo que más me dolió…
Fue que ni siquiera tuvo el valor de mirarme directamente a los ojos.
“Renata… no hagas esto más incómodo.”
Miré al hombre que había amado durante tres años.
“¿Viniste con ella?”
Sebastián suspiró como si yo fuera la persona irracional.
“Camila encaja mejor en este mundo que tú.”
Solté una pequeña risa.
Muy pequeña.
Pero sentí la garganta tan apretada que apenas podía respirar.
Tres meses antes…
Ese mismo hombre me había abrazado en mi pequeño departamento cerca de Barrio Antiguo y me dijo:
“No importa quién seas en el futuro… siempre te voy a elegir.”
Y ahora…
Estaba bajo las luces de la alta sociedad regiomontana mirándome como si yo fuera algo vergonzoso que necesitaba esconder.
Camila cruzó los brazos.
“Ah, cierto.”
Fingió recordar algo importante.
“El collar que traes puesto… ¿lo compraste en un mercado barato?”
Las mujeres detrás de ella comenzaron a reírse en voz baja.
Instintivamente toqué el collar sobre mi cuello.
Era el único recuerdo que mi madre me dejó antes de morir.
Yo sabía que no valía mucho dinero.
Pero jamás imaginé que algún día alguien lo usaría para humillarme frente a tanta gente.
“Ya fue suficiente.”
Di media vuelta para irme.
Pero justo en ese momento…
Un Rolls-Royce Phantom negro se detuvo lentamente frente a las escaleras principales.
Todo el patio quedó en silencio.
Incluso los empleados enderezaron automáticamente la postura.
Camila cambió de expresión.
Sebastián acomodó rápidamente su corbata.
Yo todavía no entendía lo que ocurría…
Cuando el chofer descendió y abrió la puerta trasera.
Un hombre alto vestido completamente de negro salió del automóvil.
Tenía un rostro tan frío que intimidaba con solo mirarlo.
El sonido de sus zapatos resonó lentamente sobre el suelo húmedo por la ligera lluvia de Monterrey.
Varios empresarios importantes que estaban dentro de la mansión bajaron inmediatamente las escaleras como si fueran a recibir a alguien extremadamente importante.
Camila murmuró casi sin aire:
“No puede ser…”
Escuché a alguien detrás de mí decir en voz baja:
“Es Alejandro Mondragón…”
“El presidente del Grupo Mondragón.”
“El hombre que no aparece en ninguna fiesta desde hace años.”
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Ese nombre…
En Nuevo León, prácticamente todo el mundo lo conocía.
El hombre que controlaba bancos, hoteles y las inmobiliarias más poderosas del norte de México.
Decían que era extremadamente reservado.
Frío en los negocios.
Y que jamás permitía que una mujer apareciera junto a él frente a los medios.
Yo seguía completamente paralizada…
Cuando Alejandro se detuvo justo frente a mí.
Sus ojos oscuros observaron directamente el collar sobre mi cuello.
Después me miró a mí.
El silencio alrededor era absoluto.
Camila se acercó inmediatamente con una sonrisa perfecta.
“Señor Mondragón, soy Camila Ortega. Es un honor conocerlo…”
Pero Alejandro ni siquiera dejó que terminara de hablar.
Con absoluta calma, se quitó el saco y lo colocó suavemente sobre mis hombros.
Me quedé inmóvil.
El aroma elegante y profundo de su perfume me envolvió en medio del viento nocturno.
Alejandro se inclinó ligeramente hacia mí.
Y habló con una voz baja y firme que todos alrededor pudieron escuchar perfectamente.
“Perdón por hacerte esperar tanto tiempo…”
Mis manos comenzaron a temblar.
Y él…
Simplemente tomó mi mano frente a todos los invitados que seguían completamente en shock.
Después dijo una frase que hizo que la copa de champagne de Camila cayera y se rompiera contra el suelo.
“Quiero presentarles a alguien.”
“Ella es mi prometida.”